El día en el que Irlanda defendió suelo mexicano

Irlanda ha entrado en celebración nacional con el mayor festival dentro de la Isla Esmeralda conmemorando el Día de San Patricio, patrono de Irlanda y quien introdujo el cristianismo a la Isla, pero ¿sabías que México e Irlanda guardan un lazo muy importante dentro de la historia de México?

Yo no sabía nada de esto hasta que me tocó vivir un St. Patrick´s day en la capital irlandesa y dentro de las festividades de esta fecha organizan un desfile, fue ahí donde me toco ver la bandera de México ondeando dentro del desfile y con una gran pancarta que decía “Banda de Gaitas del Batallón de San Patricio” me emocioné mucho al ver eso y más al leerlo en español—ya que el idioma oficial es el inglés— detrás de ello les secundaba un grupo de personas con gaitas y tambores, vistiendo faldas escocesas 😱 .

batallón de san patricio y México

Después de esto me puse a investigar un poco y descubrí que existe una parte en la historia en la Intervención Estadounidense en México, en donde un grupo de desertores—en su mayoría irlandeses— del ejercito contrario se unieron a las filas enemigas y lucharon como aliados de para defender suelo mexicano.

Se dice que fue la primera ocasión en la que el ejercito de Estados Unidos contó con tantas bajas, unos registran 800 soldados y otros registros hablan de 300. Además se cuenta que los desertores fueron capturados y se les marcó en la frente una letra “D” de “Desertores” con un metal incandescente, además de que muchos de ellos fueron ahorcados.

La historia cuenta que este pequeño grupo de desertores decidieron unirse al bando enemigo debido a que eran tratados de muy mala manera, ya que causaban desconfianza dentro de los mandos militares estadounidenses, puesto que la religión de estos soldados irlandeses era la católica y por lo tanto más cercanos a la causa mexicana, y pues no se equivocaron😏 .

El 21 de septiembre de 1846 el Batallón de San Patricio al mando de John O´Reilly, anteriormente teniente del Ejercito de Estados Unidos e inmigrante irlandés, ayudaron a  detener 2 asaltos por parte de filas enemigas en Monterrey, también sofocaron un batallón atacante y capturaron 2 cañones estadounidenses en la ciudad de Saltillo. Como unidad de infantería, se distinguieron en la Batalla de Churubusco en 1847 al lado de los batallones Independencia y Bravo.

martires irlandeses
Image source: Wikipedia, diademuertoscoyoacan.blogspot.com

¿Cómo recordamos a estos soldados?

  • En México se les conmemoró nombrando una calle como Mártires Irlandeses, frente al convento San Diego de Churubusco. De igual forma se les recuerda en varias escuelas, iglesias y monumentos.
  • El Batallón de San Patricio es conmemorado en dos diferentes días en México: el primero el 12 de septiembre, el aniversario de las primeras ejecuciones, y el otro el 17 de marzo, día de San Patricio. Hay un monumento dedicado a ellos en la Plaza San Jacinto, en el que se dispuso una placa conmemorativa del Batallón de San Patricio.
  • En la sala principal de la Cámara de Diputados de México, el nombre del Batallón de San Patricio está inscrito con letras de oro al lado de muchos otros héroes mexicanos.
  • El gobierno mexicano donó una estatua al pueblo de Irlanda como agradecimiento por el Batallón de San Patricio. Esta estatua fue colocada en el condado de Galway, en Irlanda. Todos los 12 de septiembre también se recuerda al Batallón en este pueblo, ondeando la bandera mexicana.
  • Existe un monumento en la iglesia de Tlacopac, cerca de San Ángel en la Ciudad de México. Consiste en una cruz celta con una placa conmemorativa en la peana, que menciona que varios de los soldados irlandeses ejecutados recibieron sepultura en el atrio.

Como dato les digo que existe una película llamada Héroes sin patria (One Man´s Hero) que narra esta parte importante dentro de la historia mexicana. Así que házte un espacio en esta semana para ver la película, desearle lo mejor al pueblo irlandés y celebrar la pluriculturalidad en México y en el mundo.

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65 thoughts on “El día en el que Irlanda defendió suelo mexicano

  1. Se debe notar que en una escena de la Pelicula “One Man Hero” que Ud. menciona, actua excepcionalmente Su Alteza Serenisima el Principe Alberto II de Monaco, quien tiene ascendencia Irlandesa por parte de su Sra. Madre la tan querida Princesa Grace Kelly. Notese tambien que SAS el Principe Alberto II es un gran amigo de Mexico y un gran admirador de la cultura y de la cocina Mexicana.
    Hasta la fecha es la unica película en la que el ha actuado. Viva la hermandad historica de México con Irlanda, que los Martires Irlandeses pagaron con su sangre generosa defendiendo a nuestra Patria contra el invasor!!

    1. Hola FDC gracias por la aportación. La verdad es que ni yo sabía sobre el tema, si no fuese por esa bandera mexicana que vi en el desfile en Dublin no me pongo a investigar. Ahora veo que hay más tela de donde cortar sobre esta maravillosa parte de la histOria. Y sí, que viva la hermandad México-irlandesa. Gracias y Saludos 😉

      1. Es correcto… he visto a traves de Youtube que incluso en los pubs irlandeses se escuchan canciones del Batallon narrando las batallas y ahi se mencionan ciudades mexicanas… tambien se menciona que algunos soldados se internaron mas alla de los campos de batallas y se cambiaron los nombres irlandeses a castellanos… segun en Veracruz hay tumbas de algunos de los soldados irlandeses… una ocasion platique con un muchacho irlandes y el sabia del batallon de San Patricio en Mexico… aunque el vive en Estados Unidos… me dice … siempre que haya un conflicto entre un mexicano y un estadounidense y haya un irlandes… siempre estaremos del lado mexicano!! Interesante !!

      2. En la iglesia de Tlacopac, cerca de San Angel, están enterrados 7 de los mártires irlandeses. Casi nadie sabe de la existencia de su tumba en el centro del estacionamiento de la misma

    2. Personajes
      Alfonso Diez
      alfonso@codigodiez.mx
      La bisabuela mexicana de Alberto II de Mónaco

      * Quién era Susana de la Torre y Mier

      La boda tan esperada –por la edad del contrayente- del príncipe Alberto II de Mónaco finalmente se llevó al cabo. Tuvo una gran difusión, aunque no tanta como la de Catalina y Guillermo de Gran Bretaña. Pero ese no es el tema central de este Personajes. El tema es el origen mexicano de Alberto y concretamente quién era su bisabuela, Susana de la Torre y Mier, nacida en México y emparentada en línea directa con personajes que acapararon las primeras planas de la vida nacional y han trascendido a lo largo de las páginas de nuestra historia hasta la fecha.

      Susana Mariana Estefanía Francisca de Paula del Corazón de Jesús de la Torre y Mier era hija de Isidoro de la Torre y Gil y de Luisa Mier y Celis, nació el 2 de septiembre de 1858 y tenía seis hermanos, Ignacio, Concepción, Isidoro, María Guadalupe, Tomás y Esperanza. Su papá era dueño de una considerable fortuna que incluía más de diez haciendas, entre ellas la de San Nicolás Peralta, ubicada en el municipio de Lerma, estado de México y la de Santiago Tenexpango, en Cuautla, Morelos.

      Ignacio de la Torre y Mier

      Merece especial atención el caso de uno de los hermanos de Susana, Ignacio, ocho años menor que ella. Ignacio de la Torre y Mier (ver “La verdadera fortuna de Porfirio Díaz”, en otro “Personajes”) estaba casado con una de las hijas de Porfirio Díaz, Amada Díaz Quiñones y la prensa de la época lo hizo famoso cuando fue descubierto por la policía en una fiesta de homosexuales en la entonces llamada Avenida de la Paz (hoy Ezequiel Montes), eran 41 y de ahí se desprende el uso de este número en la actualidad como sinónimo de homosexual. Al morir su madre le dejó las haciendas mencionadas antes y vivía con Amada en una magnífica casa, ubicada en la confluencia de las calles que hoy conocemos como Bucareli-Guerrero, Reforma y Avenida Juárez; ahí estaba la estatua de Carlos IV, conocida como “El Caballito” y frente a ésta se localizaba la casa, señalada con el número 1 de Plaza de la Reforma.

      Cuando Porfirio Díaz salió hacia el exilio, el 31 de mayo de 1911, lo hizo en el buque de vapor Ypiranga, que lo llevó a La Coruña, en España. Lo acompañaban todos sus hijos, menos Amada, que se quedó en México con su esposo, Ignacio; pero lo fueron a despedir a la estación de trenes de San Lázaro, cuando partió hacia Veracruz para abordar el Ypiranga. Ignacio odiaba a Madero por ser el causante, pensaba, del fin del régimen porfirista y se dedicó a pagar a diversos periódicos para que lo atacaran. Cuando Huerta y Díaz se unieron con el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, en un plan para acabar con la presidencia de Francisco I. Madero en lo que se conoce como “El pacto de la embajada”, Ignacio les prestó su apoyo enviándoles uno de sus vehículos para que trasladaran a Madero y Pino Suárez fuera de Palacio Nacional. Su destino era la muerte, el 22 de febrero de 1913. Los sicarios, militares bajo las órdenes de Huerta, los sacaron de los dos automóviles en que los llevaban y los acribillaron, atrás de la penitenciaría de Lecumberri.

      Con Emiliano Zapata, Ignacio tuvo un trato especial; lo consideraba un magnífico caballerango e intercedió ante su suegro para que lo liberaran en cierta ocasión en que cayó preso. Se lo llevó para ponerlo a cargo de una de sus caballerizas y la relación entre ellos pudo inspirar a Juan Rulfo para escribir esa parte de Pedro Páramo en la que el patrón le paga a uno de sus caballerangos para que arme a un grupo de empleados y los ponga a vigilar la hacienda, de tal forma que cuando alguna partida de revolucionarios llegara se encontrara con que la hacienda ya estaba tomada por otros que se hacían pasar por integrantes de la revolución.

      Tiempo después, Ignacio cayó preso. Amada lo visitaba en la cárcel, donde tenía la compañía de Martín Luis Guzmán, también encarcelado. Cuando supo que Zapata iba a tomar la Ciudad de México se alegró porque pensó que lo iba a liberar, pero no fue así. Emiliano lo tomó como su prisionero personal y lo llevaba con él de pueblo en pueblo, de cárcel en cárcel. La tropa del hombre de Anenecuilco y sus compañeros de prisión se dieron cuenta de que De la Torre era homosexual y abusaron de él de tal forma que le destrozaron la cavidad anal. Sufrió violaciones múltiples. Tenía el esfínter totalmente desgarrado.

      A finales de 1917 los carrancistas tomaron Cuautla y liberaron a los presos. Ignacio aprovechó para escapar. Se dirigió a Puebla, donde le prestaron un caballo y disfrazado huyó hacia los Estados Unidos. Llegó a Nueva York en un barco de vapor con terribles dolores. Se internó en el hospital Stern. Los médicos lo operaron de inmediato, pero no pudieron salvarlo. Murió el 1 de abril de 1918.

      Amada no volvió a ver a Ignacio. Tiempo después, los carrancistas le devolvieron algunas de las propiedades que les habían quitado. La plaza de toros se la vendió a Maximino Ávila Camacho y murió 17 años después que éste, el 22 de agosto de 1962, a los 95 de edad.

      Pierre de Polignac

      Susana viajó en diversas ocasiones a Europa y el 10 de octubre de 1881 se casó en París con el conde Maxence Melchior Edouard Marie Louis de Polignac. Tuvieron ocho hijo y uno de ellos, Pedro María Javier Rafael Antonio Melchor de Polignac de la Torre, se convertiría en príncipe de Mónaco y sería el padre de Rainiero III y abuelo de Alberto II de Mónaco, el recién casado.

      Pedro María nació el 24 de octubre de 1895 en Château de Kerscamp, Morbihan, Francia; era el menor de ocho hijos. Los otros siete fueron Josefina (1882-1976), María Luisa (1884-1944), Raimundo (1885), Javier (1886-1961), Ana (1889-1970), Maxence (1892-1963) y Bertrand (1893-1910). Javier y Maxence se casaron con sus primas hermanas, hijas de un hermano de su madre, Tomás de la Torre y Mier; Javier con María y Maxence con Laura de la Torre y Formento.

      Pedro María era miembro de la nobleza francesa, de una de las familias con más abolengo y por tal motivo fue escogido por el príncipe Louis II de Mónaco para que se casara con su hija, la princesa Carlota de Mónaco (Carlota Luisa Julieta Louvet) y duquesa de Valentinois. Fue “escogido” porque nunca hubo una relación amorosa, de noviazgo, entre Carlota y Pedro; él era homosexual, pero el partido ideal para hacerlo príncipe, transformarlo en un Grimaldi y lograr que Carlota heredara la corona de su padre, quien la procreó con Marie Juliette Louvet-Piedefer.

      Louis II conoció a Marie Juliette en Argelia, cuando estaba destacado con la tropa en ese lugar y parece ser que sus encuentros tenían lugar en el cuartel. Sobre quién era ella han trascendido varias versiones: que era modelo, lavandera, prostituta, actriz. Lo cierto es que nació en 1867 y murió en 1930. La hija de ambos, Carlota (Charlotte Louise Juliette “Mamou” Louvet) nació en Argelia el 30 de septiembre de 1898.

      Pedro María, o Pierre de Polignac, se casó con Charlotte el 19 de marzo de 1920, por lo civil, y al siguiente día por la iglesia. Tres meses después se separaron y Pedro se fue a vivir a su casa ubicada en las afueras de París. El matrimonio estaba condenado al fracaso gracias a las preferencias de él y a las infidelidades de ella (explicables). Diez años después, Charlotte entabló una demanda judicial para divorciarse, el 20 de marzo de 1930, lo que logró gracias a un decreto de su padre, expedido el 18 de febrero de 1933. Un tribunal parisino lo confirmó en diciembre del mismo año. Louis II Grimaldi enfureció y amenazó a Pierre tras la firma del decreto con enviar al ejército a detenerlo si volvía a poner un pie en Mónaco, pero dos meses después recapacitó, lo perdonó –si es que había algo que perdonar- y le asignó una pensión de 500 mil francos anuales. A partir de ese momento, Charlotte y Pierre llevaron una “relación civilizada”; ambos se reunían con sus hijos. Tuvieron dos, la primera fue Antonieta (Antoinette Louise Alberte Suzane Grimaldi), Condesa de Polignac y Baronesa de Massy, quien nació en París un Día de los Inocentes, 28 de diciembre de 1920 y recién falleció, el 18 de marzo de 2011, en el Centro Hospitalario Princesa Grace, de Mónaco.

      Rainiero

      El segundo fue Rainiero III (Rainier Louis Henri Maxence Bertrand Grimaldi), conde de Polignac y Príncipe de Mónaco, el padre de Alberto. Rainiero nació en Montecarlo, Mónaco, el 31 de mayo de 1923. En 1955, Grace Kelly y Cary Grant filmaban la película “Para atrapar al ladrón” en Mónaco, dirigidos por Alfred Hitchcock; Rainiero visitó el hotel donde se hospedaban y quedó prendado de la belleza y la personalidad de Grace. La empezó a cortejar, la visitó en Estados Unidos y pidió su mano. Grace nació en Pensilvania, Filadelfia. Después de “Para atrapar al ladrón”, Grace filmó una película al lado del actor Alec Guinness que podía parecer un presagio de la vida “real” que le esperaba, “El Cisne”, en la que interpreta a una mujer que se convierte en princesa al casarse. Filmó una película más, la última, antes de su matrimonio con Rainiero, “Alta sociedad”, al lado de Bing Crosby y Frank Sinatra.

      Se casaron por lo civil el 18 de abril de 1956 y por la iglesia el 19. Los padres de Rainiero, Pedro María y Carlota, estuvieron presentes al lado de su hijo durante la boda, como habían hecho también cuando fue coronado Príncipe de Mónaco, el 12 de abril de 1950, gracias a la renuncia de su madre a sus derechos de sucesión al trono, en 1944. Grace y Rainiero tuvieron tres hijos, Carolina (23 de enero de 1957), Alberto (14 de marzo de 1958) y Estefanía (1 de febrero de 1965). La carretera por donde circulaba Grace en Mónaco cuando filmaba al lado de Cary Grant fue la misma en la que tuvo el accidente que un día después le costaría la vida, el 14 de septiembre de 1982. Murió en el Centro Hospitalario Princesa Grace.

      Carolina ha tenido cuatro hijos: Andrea (1984) y Carlota (1986) Casiraghi; Pedro Estéfano (1987) y Alexandra de Hannover (1999). Estefanía, tres: Luis Roberto Pablo (1992), Paulina (1994) y Camila María Kelly (1998)

      Alberto recién se casó, con la nadadora sudafricana Charlene Wittstock, el 1 de julio de 2011, aunque tiene dos hijos reconocidos, Alexandre Eric Stephane (2003) y Jazmin Grace Rotolo (1997), quien vive en California.

      Los nombres de la hermana de Rainiero, (Antoinette Louise Alberte) Suzane; de la tercera hija del mismo, Estefanía; del tercer hijo de Carolina, (Pedro) Estéfano y del primero de Alberto, (Alexandre Eric) Stephane, fueron decididos como un homenaje a la abuela de Rainiero, la mexicana Susana Mariana Estefanía Francisca de Paula del Corazón de Jesús de la Torre y Mier.

      La muerte de Susana

      Era hija de Isidoro Fernando de la Torre y Gil y de Luisa Mier y Celis. Sus abuelos paternos fueron Francisco de la Torre y Cossío, y Josefa Gil; los maternos, Gregorio Mier y Terán, y Mariana Celis y Dosal. Se casó en París, como se anotó líneas antes, con el conde Maxence Melchior Edouard Marie Louis de Polignac, el 10 de octubre de 1881.

      El abuelo Gregorio era español, fue bautizado en 1796 en la iglesia de San Salvador de Cantamuda, cabeza de la comarca de La Pernia, Palencia, aunque nació en Redondo; los padres de éste fueron Antonio de Mier y Antonia Alonso de Terán. Gregorio Mier y Terán emigró a México, donde hizo una fortuna de tal magnitud que le decían “El Rothschild mexicano”.

      Luisa, la mamá, nació también en Redondo, en 1830 y se casó con Isidoro de la Torre en el Puerto de Santa María, Cádiz, de donde era originario éste. Isidoro, ya en México, se convirtió en un importante hacendado azucarero por el rumbo de Orizaba, Veracruz.

      Un hermano de Luisa, Antonio de Mier y Celis, se casó con Isabel Pesado de la Llave, quien nació en la ciudad de Orizaba el 31 de enero de 1832 y era hija de María de la Luz de la Llave y Segura y de José Joaquín Pesado Pérez. Los duques de Mier y Pesado, Antonio e Isabel, construyeron un bello palacio en Orizaba que a la fecha existe.

      Susana, bisabuela de Alberto II, no pudo ver la boda de su hijo Pedro con la princesa Carlota de Mónaco, murió en Francia el 15 de agosto de 1913, a los 54 años de edad, en uno de los suburbios de la ciudad de Burdeos llamado Talence, parte de Gironda, en el departamento de Aquitania.

  2. Primero una precisión, las “faldas escocesas” se llaman “kilt” son parte de la cultura gaelica que comparten tanto escocia como Irlanda y Gales.
    La historia que comparten México e Irlanda es muy interesante y casi olvidada incluso antes del batallón de San Patricio uno de los primeros intentos de independencia de la Nueva España fue orquestado nada más y nada menos que por William Lampert, un matemático y filósofo irlandés

    1. 😱 Que varias personas me han hecho comentarios sobre esta parte de la historia pero nada como lo que mencionas sobre este personaje Lampert. Pues que entonces la hermandad es más fuerte.Gracias por el dato de las faldas “kilts”😉

      1. Deberías buscar un poco sobre eso, es una historia super interesante y además hasta un poco divertida

      2. De hecho, una escultura de William Lampert o Lamport se encuentra al interior del monumento a la Independencia o “el Angel”, cómo se conoce comúnmente, que se encuentra sobre la calle de Reforma en la Ciudad de México https://goo.gl/images/Osnmey

    2. Si no malentiendo es William Lamport, no Lampert, también conocido como Don Guillén de Lombardo, y su estatua se encuentra junto al Angel de la Independencia en la Ciudad de México.

  3. La historia del “batallón de San Patricio” es sin duda impresionante, a nosotros los militares nos llega al corazón saber que ellos defendieron la soberanía nacional sin tener la obligación en hacerlo, en una poca en que México se encontraba divido y con muchas internas, es triste leer paso a paso los acontecimientos de la intervención norteamericana y aun así deberíamos de estudiarla a fondo todos los mexicanos , pero la participación de estos soldados irlandeses da esperanza, creo que no se da el mérito que se debe a este noble acto. La muerte de la mayoría de sus integrantes fue dura, al ser ahorcados justo cuando la bandera de Estados Unidos era izada en el castillo de Chapultepec, para que fuera lo último que vieran sus ojos. Honor y Gloria al batallon de San Patricio.

    1. Hola Frank,
      Lo que dices es muy cierto, es lógico que uno defienda la tierra que es suya, pero llegar a dar tu vida por un país que ni tu vecino es fue un acto muy noble. En la película que menciono ellos insinúan que además de la religión, fue la calidez de los mexicanos que les hizo empáticos con la causa, puesto que los trataron mejor que nuestros vecinos y también viene la escena que mencionas, muy triste por cierto. Gracias por tu aportación al post y por tu servicio a la patria, recibe un gran saludo.

    2. Mejor otros combatientes en tierras extrañas Unidos con la causa nacional. Eso quisiéramos ver ahora del ejército nacional, ser defensores de la soberanía y no de un tipo al que llaman comandante supremo y que por sus acciones pareciera un vendepatrias. La fidelidad del ejército es con la Patria y no con un individuo.

  4. Para aportar mis cinco centavos… Los soldados Irlandeses “desertores” eran inmigrantes en los Estados Unidos, quienes les daban la bienvenida mandandolos de inmediato a los frentes de batalla. Dentro de las filas militares eran tratados como ciudadanos de segunda, siendo castigados frecuentemente por cualquier falta menor. Los servicios religiosos los prestaban pastores protestantes y los soldados irlandeses cruzaban las lineas para ir a misa a las iglesias mexicanas… siendo asi como tuvieron su primer contacto con el pueblo mexicano, descubriendo además muchos puntos en común: la religión católica, las fiestas a los mismos santos, el gusto por la comida y bebida, etc.

    Fue de esa manera que se daban cuenta que estaban peleando del lado “incorrecto” de la guerra. Es por eso que a los mexicanos nos incomoda mucho la designación de desertores, ya que para nosotros esos soldados son héroes que murieron defendiendo nuestra patria.

    1. Muy buena explicación sobre los factores que propiciaron a que los Irlandeses decidieran defender esta patria, en esencia si teníamos más cosas en comunes, empezando por la religió y es curioso que esta vez esa fue la causa de unión y no de guerra en ese episodio.
      Saludos Aaron

  5. Saludos a todos los que hacen un aporte con su granito de arena a la historia oculta aun para nosotros, el conocerla y darla a conocer a los demás como hoy lo están haciendo engrandece su espíritu y el de los demás, aun mas que descubrir en nuestra historia, un gran salido a todos y viva México señores.

  6. El primer domingo de cada mes, al punto de las 17:00 horas, en el Museo de las Intervenciones que se encuentra en Churubusco (muy cerca de la estación del Metro Gral. Anaya) toca la Banda de Gaitas del Batallón de San Patricio, el acceso es gratuito y es una experiencia inolvidable escuchar las gaitas y tambores en vivo.

  7. Hola que gran aporte a la cultura mexicana ahora me siento to mas orgulloso de ser mexicano y de saber que en el mundo se nos aprecia MI MÁS GRANDE RESPETO A EL PUEBLO DE IRLANDA por apoyar nuestra nación en ese ti5 también difícil que vivió.

    1. Hola Daniel, si, creo que la gente de antes erá más humilde, nos podían llamar indios pero honrados y miranos ahora, las generaciones cambian y ya vivimos en tiempos violentos. Pero bueno, que esta parte de la historia sirva para dignificar a los soldados irlandeses y también a nuestros antepasados.

  8. Hola y buen día!!
    Muchas gracias por este post, ya conocía yo a grandes rasgos lo sucedido con el batallón de San Patricio, pero me ha encantado tu entrada explica este momento de la historia que pocos conocen y además los comentarios que has generado son maravillosamente enriquecedores. ¡Felicidades!

  9. Existen varias calles con nombres de los soldados irlandeses que desertaron del ejército americano para unirse al mexicano. Al final los capturaron y ejecutaron, por eso aquí también se les conmemora.

    Antes de ésto, los irlandeses ya también habían participado en la guerra de independencia al lado de Bolívar.

    Como puedes ver es un pueblo con un sentido de la justicia y el honor que muchos otros deberían de emular.

    La contribución de los descendientes irlandeses ha sido muy extensa y continua hoy día.

    1. Ese dato también es nuevo para mi, gracias Marco. De hecho un amigo una vez también me comentó que el pueblo irlandés puede ser muy tranquilo, pero cuando se comete una injusticia les sale lo verde. Hay una película muy buena basada en la vida de una periodista irlandesa donde al final puedes ver ese sentido de justicia que mencionas dentro de la sociedad irlandesa. No te diré más por si no la haz visto. Se llama “Veronica Guerin” o lee la historia, también es muy interesante.

  10. Hola..no se si es la misma pelucula que mencionan pero yo recuerdo una en donde sale Daniela Romo..no se si es la misma.. Si no..pues hau otra pelicula sobre este batallon irlandes..

    1. Como lo han confirmado es esa la que mencionas. Estaría muy bueno que algún cineasta leyera esto e y se inspirara para hacer un remake es una historia muy interesante.

  11. Que buenas aportaciones para investigar todos los comentarios son buenos e hicieron una lectura agradable y enriquecedora, gracias por sus aportaciones desde el inicio.

  12. Les recomiendo un video llamado en inglés Saint Patrick’s Batallion.
    Y una canción de un cantante John McKenna

  13. Hola buenas noches yo tengo entendido que los irlandeses querían independizar Texas y los estadounidenses les prometieron esa indepependencia a cambio de que se unieran a su ejercito .pero como se dieron cuenta que fueron utilizados y las injustcias que se cometian con ellos , por eso cambiaron de bando y se unieron a favor de nuestra causa,finalmente fueron capturados encerrándolos en un calabozo en chapultepec y ejecutados. Arte.Juan de dios moreno.

    1. Hola Juan, pues si, según lo que he leído fue una mezcla de todo. Muchos de ellos eran inmigrantes recien llegados y les prometían de todo con tal de que se unieran al ejercito, pero ya dentro los trataron de muy mala manera. El final si fue muy trizte, pero no podemos negar ese sentido de causa que mencionas.

  14. No puedes ser desertor si no comulgas con el corazon con una causa. Fueron Heroes pues defendieron la libertad al darse cuenta de la injusticia

  15. No jodan, yo soy guatemalteco y les aseguro q hasta yo sabia de eso y no puede ser q ustedes siendo mexicanos y con un pasado glorioso ignoren algo como eso

    1. Hola René, que bien que aún no siendo mexicano sepas esta parte de la historia de México. Bueno hay tantos temas que ignoramos o a los que les damos más prioridad, no nos lapides 😄 … es broma. Un saludo a tu nación, me ha tocado conocer personas súper buena onda de Guatemala, mi abuela es de chiapas y muy a menudo iba para allá, yo sólamente he ido 1 vez. Saludos 🙂

  16. Gracias por enriquecer con la aportación de los participantes información histórica de nuestro país. Estoy seguro que promoverá en algunos la curiosidad y la motivación a investigar este y otros datos de nuestra historia que debe conocer todo mexicano.

  17. Muchas gracias a todos por sus aportaciones, creo que esta información extra que han otorgado pinta como para hacer la segunda parte del post y enriquecer el poco o nulo conocimiento que tenemos sobre el tema, claro que les daré el crédito de lo escrito 😉 .

    Creo que no se trata de que nos valga nuestra patria, si no que muchas veces la historia no es un tema de interés para todos, pero cuando aparecen joyas como estas considero que son dignas de ser contadas y que se vuelvan de dominio público tanto como el tema del día de los muertos, la independicia o la revolución mexicana.

  18. Ciertamente, en la mayoría de las ocasiones no nos damos tiempo para enriquecernos culturalmente ni aun en cuestiones históricas de nuestra patria, pues el ritmo acelerado que vivimos hoy en día y por cuestiones prácticas accesamos mera y únicamente a datos específicos que necesitamos; sin embargo leo con agrado que a raíz de esa experiencia vivida en el extranjero y compartida aquí, se desató una serié de aportaciones enriquecedoras, que están contenidas en la historia como bien lo mencionan líneas arriba, sin embargo los comentarios se han hecho en un estricto sentido pulcro y respetuoso, nada del otro mundo también es cierto, pero tan escasamente aplicado hoy día. Rara vez leo todos los comentarios de alguna publicación ya que regularmente se salen de contexto y se aplica un léxico inapropiado y aunque suelo ser de amplio criterio no es motivante invertirle tiempo a tanta barbarie escrita. Me gustó el desarrollo de esta publicación, gracias por no contaminarla con intropelías.

    1. También pensé lo mismo Adriana, y me gustó mucho la interacción que se creó, porque como mencionas es muy raro ver este fenómeno hoy en día. Saludos 🙂

  19. Hola, es un gusto leerlos, quiero comentarles que en el Museo del Risco, que se encuentra en la plaza de San Jacinto en San Ángel, se encuentran más cosas sobre esos grandes momento históricos de nuestro México. Hay una torre que cuentan que desde ahí, veían la avanzada de los norteaméricanos y ellos con muchos heridos. Esta parte de la historia es muy interesante.

  20. Me he quedado impresionado. No pude dejar de leer todo el blog. Muchas gracias, esto es bueno para el espíritu. Saludos a todos.

    1. Gracias Paco, sí, a la verdad se generaron muy buenas aportaciones a partir de rascarle un poco a una parte de la historia conocidad por algunos y desconocida para muchos de nosotros.

      Saludos 🙂

  21. Hola me encantó leerlos y efectivamente hay mucha historia de México que desconocemos , gente maravillosa que ha aportado tanto a nuestro país que fueron verdaderos personajes, y el tiempo no los ha reconocido …te felicito Karen y felicito a todos los que participaron con sus comentarios llenos de información y respeto esto …realmente se agradece

  22. EL BATALLÓN DE SAN PATRICIO

    José Manuel Villalpando.

    Una de las pocas cosas que los mexicanos recuerdan de la guerra de 1847 —aparte, por supuesto de los “niños héroes”—, lo es sin duda la heroica conducta de los soldados del batallón de San Patricio. Sin embargo, a pesar de que forman parte ya del imaginario popular, enaltecidos hasta la altura de los próceres que conforman nuestro panteón cívico, casi nada en realidad es lo que se conoce de esos hombres fuera de que eran de origen irlandés, de que desertaron del ejército norteamericano invasor y pelearon a favor de México, de que fueron capturados en la batalla de Churubusco y que al final, al perderse la guerra, ellos perdieron la vida, ejecutados por los invasores, muriendo por una causa por la que sintieron simpatía debido a sus convicciones religiosas, pues tan católicos eran ellos como los mexicanos a los que quisieron defender.
    Hoy es el tiempo apropiado para recordar la epopeya de estos hombres. En efecto, la gran mayoría de ellos eran irlandeses, aunque también los había provenientes de Inglaterra, Escocia y Alemania, así como algunos originarios de Canadá, Francia, Italia y Polonia. Sorprendentemente, había también un puñado de ciudadanos norteamericanos. Todos ellos, eso sí, eran católicos. La mayoría llegaron originalmente a los Estados Unidos como inmigrantes, buscando una mejor vida que la Europa les negaba y encontraron que en el país de la libertad tampoco les fue fácil hallar la tranquilidad y prosperidad tan anhelada. Más aún: era tan grave su situación, casi de miseria, que tuvieron que enrolarse en las filas del ejército o en los cuerpos de voluntarios estadounidenses, reclutados para hacer la guerra a México, con el aliciente de una buena paga y la posibilidad de obtener tierras en los territorios que se conquistaran, ubicados en las entonces provincias de Tejas, Nuevo México y California, enormes extensiones que casi representaban la mitad del territorio que México había heredado de la Nueva España en 1821.
    Los irlandeses y sus compañeros fueron asignados al ejército al mando del general Taylor, a quien se confió las primeras operaciones militares en contra de México, invadiendo la franja fronteriza en Tejas. Situado el ejército invasor frente a Matamoros, en Tamaulipas, a principios del año de 1846, comenzó la deserción de los irlandeses. Poco a poco fueron escapando de las filas estadounidenses y se presentaban ante los oficiales mexicanos, que gustosamente los recibían en nuestro ejército. La pregunta obligada es porqué desertaron y porqué se unieron a México, a luchar por una causa que desde un principio se veía perdida dada la enorme diferencia entre la tecnología militar de una nación y otra.
    Una de las respuestas es la siguiente: los generales mexicanos al mando de las tropas que guarnecían la frontera, se percataron de la enorme cantidad de irlandeses y europeos católicos que nutrían al ejército de los Estados Unidos, e iniciaron una campaña de publicidad para informar a esos soldados primero de la afinidad religiosa que los mexicanos teníamos con ellos; segundo, les hicieron saber que en México encontrarían también posibilidades de asentarse definitivamente y obtendrían por ello buena paga y tierras al final de la contienda; y tercero, apelaron a su sentido patriótico, demostrando que México, al igual que Irlanda, sufría por el acoso y la hostilidad de una nación protestante, los Estados Unidos, así como su isla natal padecía también la animadversión y la brutalidad conquistadora de Inglaterra, la madre patria de los estadounidenses.
    El amor propio de los irlandeses, que recordaban las persecuciones sufridas por parte de los ingleses, despertó para apoyar lo que ellos consideraron como una causa justa: la causa de México, la defensa de una nación católica invadida injusta y arteramente por su poderoso vecino, guiado por su afán expansionista. Un puñado de irlandeses y de otros inmigrantes europeos, que llegaron a ser casi cuatrocientos a lo largo de toda la contienda, decidieron pasarse al lado mexicano y combatir por esa nación católica, aún a sabiendas de que la deserción, como en todos los países sucedía, está castigada con penas severísimas, incluso con la muerte.
    Pelearon así en las batallas libradas en el norte de México: en Palo Alto y en Resaca de la Palma, en lo que ahora es el territorio estadounidense de Texas, los días 8 y 9 de mayo de 1846. Luego, combatieron en Monterrey, entre el 21 y 24 de septiembre del mismo año. Más tarde, el 22 de febrero de 1847, participaron en la famosa batalla de La Angostura, y después, marcharon con el resto del ejército mexicano a la ciudad de México, a ocupar su lugar en las acciones militares que se dieron en la capital del país y que todos recordamos. A ellos, a los del Batallón de San Patricio, les correspondió un lugar de honor en el Convento de Churubusco, el 20 de agosto de 1847. Allí, muchos dieron su vida cayendo bajo la metralla o las bayonetas invasoras, y los sobrevivientes que no lograron escapar, fueron enjuiciados y condenados, unos a la horca y otros más a ser azotados y marcados con hierros candentes. A partir de entonces, entraron con derecho propio y por sus grandes méritos en nuestra Historia, en la Historia de México.
    Como han señalado distinguidos historiadores, “la saga de los san patricios es una verdadera y fascinante historia de guerra, intriga, deserción y brutal justicia militar”. Es una extraordinaria experiencia humana la de esos hombres conmovidos por un fervor religioso a la vez que patrio y también por el interés de vivir y prosperar en una nación amistosa, afín a sus ideas y convicciones. Por ello desertaron de las filas del enemigo y se pasaron a nuestro lado, dejándolo todo, arriesgándolo todo. La sociedad mexicana de aquel tiempo los recibió con los brazos abiertos cuando llegaron de la campaña del norte del país. En el ejército, se les reconoció su valor y lealtad, y se les permitió constituir su propia unidad, llamada oficialmente “Compañías de San Patricio”, pero que la gente conoció popularmente como “Batallón de San Patricio”. Incluso, se les concedió el derecho de tener su propia bandera: Una tela teñida de color verde esmeralda con una imagen de San Patricio, el patrono de Irlanda, de un lado, y con un trébol y un arpa del otro. Tenía además dos leyendas. Una decía: Libertad por la República Mexicana, y la otra Erin go Bragh (Irlanda por siempre). Dicen que la bandera la bordaron las piadosas manos de unas monjas en San Luis Potosí. El comandante del Batallón lo era un mexicano, el coronel Moreno, pero los demás oficiales eran de origen irlandés, como el famoso capitán John Riley y su segundo, Patrick Dalton. Entre los soldados, los había provenientes de la mayoría de los condados de Irlanda así como de varios países europeos, como ya se dijo. Su uniforme era el mismo que utilizaban los soldados mexicanos pero su armamento era diferente: los san patricios continuaron usando los fusiles norteamericanos con los que habían desertado. Era, por tanto y gracias a sus fusiles, la unidad militar mejor armada del ejército mexicano debido a la superioridad de sus armas. Lamentablemente, para entonces ya nada más eran dos compañías de 102 hombres cada una.
    Muy temprano, por la mañana del 20 de agosto de 1847, el ejército mexicano fue derrotado en Padierna o Contreras y las fuerzas estadounidenses comenzaron a avanzar hacia el centro de la ciudad de México. La siguiente línea de defensa mexicana estaba en el antiguo Convento de Churubusco, donde se habían reunido los batallones de la Guardia Nacional, formados por jóvenes voluntarios, estudiantes, artesanos, empleados y comerciantes, que estaban dispuestos a cerrarle el paso a los invasores, al mando de los generales Manuel Rincón y Pedro María Anaya. Sin embargo, tenían pocas municiones y el presidente de la República, el general Antonio López de Santa Anna, envió al Convento varios carros con parque, custodiados por las Compañías de San Patricio, a las que se destinó también a defender ese sitio.
    Los generales Rincón y Anaya dispusieron que los irlandeses y sus compañeros se colocaran sobre las bardas del convento que dan hacia el sur y hacia el poniente, además de que como varios de ellos eran expertos artilleros, tuvieron a su cargo el manejo de los siete únicos cañones que había en el lugar, los que aún pueden verse en las puertas del hoy Museo Nacional de las Intervenciones en Churubusco. Allí, junto con las tropas mexicanas, esperaron el ataque norteamericano, que no tardó mucho.
    Miles de soldados estadounidenses, al mando del general Twiggs, asaltaron el Convento una y otra vez, siendo rechazados valientemente por sus defensores. Durante el combate, se destacaron los san patricios por la precisión de sus tiros y por la certera puntería con que disparaban los cañones. De pronto, las municiones se agotaron y fue necesario abrir los cajones que Santa Anna había enviado como refuerzo, pero para sorpresa de los soldados mexicanos, las balas eran de un calibre diferente a las de sus fusiles y solo eran aptas para ser disparadas por los mosquetones de los hombres de las Compañías de San Patricio. Sobre ellos recayó entonces el peso de la defensa. Los doscientos san patricios pelearon con bravura, causando enormes bajas a los invasores, hasta que la superioridad numérica se impuso pues los frecuentes asaltos a la bayoneta de los norteamericanos obligaron a los defensores a replegarse al interior del Convento. Desde allí, la resistencia continuó, cayendo herido el general Pedro María Anaya quien ordenó a los irlandeses disparar un cañón pero éste estalló y les quemó espantosamente la cara a Anaya y a los tres artilleros del San Patricio que estaban con él. Además, cayeron mortalmente heridos en combate cerca de cuarenta san patricios.
    Pronto, las municiones volvieron a terminarse, y los generales Rincón y Anaya, viendo inútil toda resistencia, decidieron rendirse. Se hizo el silencio y las tropas mexicanas se formaron en orden el patio del Convento, y hasta allí llegaron el general Twiggs y sus oficiales. Se cuenta que Twiggs, impresionado por la valentía de los mexicanos, se acercó al general Anaya a preguntarle donde estaba el parque y éste le respondió: “Si hubiera parque, no estaría usted aquí”. Los norteamericanos trataron correctamente a las tropas mexicanas, con respeto y atención, pero cuando descubrieron que entre sus prisioneros estaban los san patricios, cebaron sobre ellos todo su odio, pues se enteraron además de que los irlandeses habían sido los verdaderos y más esforzados defensores del Convento y que ellos habían sido los causantes de la gran mortandad que tuvieron en sus filas.
    Se llevaron a los sobrevivientes de las Compañías de San Patricio —setenta y dos hombres, pues el resto, unos ochenta, lograron escapar antes de la rendición— encadenados a las prisiones que establecieron en San Ángel y Mixcoac y decidieron someterlos a consejo de guerra, por haber desertado del ejército de los Estados Unidos. La mayoría, después de soportar muchísimas humillaciones, fueron condenados a muerte, a ser colgados como criminales, porque se consideró que no merecían siquiera el honor de ser fusilados. A unos pocos más, que lograban así salvar la vida, les impusieron la pena de cincuenta azotes “con un látigo de cuero, bien aplicados sobre las espaldas desnudas de cada uno”. También, refinada crueldad, los marcaron con la letra D, con un hierro candente, en la cara.
    Los veinte primeros condenados a muerte fueron ejecutados en San Ángel y en Mixcoac el 10 de septiembre de 1847. Los pararon en la orilla de unas carretas tiradas por mulas, con una soga al cuello que pendía del cadalso, y luego, a una señal, los conductores de las carretas las movieron, dejando los cuerpos suspendidos en el aire en una danza macabra que terminó con la muerte de todos. Luego, se ordenó a otros dieciséis san patricios que cavaran las tumbas para sus compañeros y que los sepultaran allí. Enseguida, los amarraron a los postes y los azotaron. El momento más terrible fue cuando los marcaron en el rostro con hierros al rojo vivo.
    La ejecución de los restantes treinta san patricios fue el 13 de septiembre de 1847. Los colgaron en San Ángel de una manera feroz y dramática. El oficial norteamericano a cargo de la sentencia decidió coordinar las ejecuciones con el asalto del ejército norteamericano a Chapultepec. Ordenó construir un cadalso en una ligera elevación del terreno, desde donde se veía claramente el Castillo de Chapultepec y colocó a los prisioneros en caballos, con la soga al cuello y con la cara hacia el cerro donde se libraba la batalla. Esperó pacientemente hasta que todos se dieron cuenta que en el Castillo era arriada la bandera mexicana —señal de la derrota— y en su lugar se izó la bandera norteamericana. Entonces, el oficial, con su espada dio una orden y los caballos fueron azuzados, “lanzando a los san patricios a la eternidad”.
    Después de la ejecución, los sacerdotes mexicanos que antes habían confortado a los irlandeses católicos, recogieron los cadáveres y los sepultaron en Tlacopac. La población de San Ángel lloraba de tristeza: se habían encariñado con los san patricios, pues apreciaban sus virtudes, su valor y su fidelidad a la causa del México católico que sucumbía frente al invasor protestante. El general Scott, comandante en jefe del ejército norteamericano, rechazó incluso una solicitud de las señoras de San Ángel, quienes le fueron a suplicar el perdón para los irlandeses. Tristemente, después de terminada la guerra y antes de que el gobierno mexicano firmara el tratado de paz, los soldados de las Compañías de San Patricio que sufrieron los azotes y las marcas en la cara, fueron dejados en libertad. Para sobrevivir tuvieron que pedir limosna. Nuevamente, la generosidad de los vecinos de San Ángel vino en su ayuda, pues les dieron comida y vestidos.
    Hoy en día, a más de ciento cincuenta años de esta epopeya consumada por hombres tan valientes como decididos católicos, en el día que se conmemora su muerte, mexicanos e irlandeses se reúnen en la plaza de San Jacinto de san Ángel para honrar a los san patricios. Las bandas interpretan los Himnos Nacionales de las dos naciones y niños de la cercana escuela “Batallón de San Patricio” colocan coronas y arreglos de flores, mientras el público responde a cada nombre que se lee de la lista que está esculpida en una placa de mármol, con la frase ¡Murió por la Patria! Una placa de piedra adosada a una pared, erigida para recordar sus hazañas, una inscripción resume esta historia ejemplar:
    En memoria de los soldados irlandeses del heroico Batallón de San Patricio,
    mártires que dieron sus vidas por la causa de México durante la injusta invasión norteamericana de 1847.

  23. Yo me di cuenta de esta historia en santa cruz california en un bar de propietarios irlandeses y tienen un placa con esta historia e incluso tienen una bandeda mexicana dentro del bar

  24. En Puebla Capital, se encuentra ubicado en el boulevard Hermanos Serdán un monumento para conmemorar y honrar a aquellos irlandeses que pelearon junto a nuestros compatriotas.

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